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AGRADECIMIENTOS

 

A mi madre, por cuidarme, alimentarme y amarme… mientras le fue posible.

A mi abuela por resguardar mi camino.
A la vida y al universo por darme tanto, y aún continua haciéndolo en cada respiro.  ¡Gracias!

 

 

Aún guardo en mi memoria, como una vieja fotografía en movimiento, ir tomada de su mano bajo la mirada de aquellos majestuosos paraísos, que eran para mí, nuestro diario camino a casa.

Me sentía bien, cuidada, protegida, confiada en la vida.
Sí, aún puedo verla. Al levantar mi mirada de niña veo su rostro, tan joven, tan radiante, tan alegre, siempre acompañado de su dulce e ingenua sonrisa.
Luego veo a mi hermana reflejando esa misma sensación. Esa sensación tan fuerte, tan hermosa, y al mismo tiempo tan efímera que es el sentirse amada.

 

Capitulo Uno

 

DESDE ÁMSTERDAM

 

Aquella mañana había recorrido gran parte del centro de la ciudad en bicicleta, me sentía bien, tranquila, y el frío avivando mi cuerpo me hacía sentir aún mejor. Me senté en mi café preferido, frente a un hermoso canal en el que los cisnes exponían toda su natural belleza frente a las implacables cámaras fotográficas de los turistas. Pedí un café con leche y mientras lo bebía, bajo un débil sol de otoño, me quedé retraída observando el puente del otro lado del canal, por donde cruzaban los raudos ciclistas, los mismos que solían intimidarme cuando recién llegué a vivir a esta ciudad, y con los que ahora jugaba a las carreras imaginarias.

 

Siempre me había parecido que la libertad, de esta tranquila y antigua parte de Europa, penetraba fervorosamente en mi alma con cada bocanada de aire fresco que tomaba al respirar. Pero para mí, aquella, era una libertad extraña. Una libertad que no terminaba de comprender, pero que siempre observé fascinada en las otras personas.

 

La libertad que yo conocía era muy diferente, o ¿será tal vez que la libertad tiene más que ver con uno mismo que con la libertad en sí misma? ¿Habrá alguien conocido la libertad absoluta en este mundo? pensé, o ¿quizás lo único libre realmente eran los pensamientos?

Pedí la cuenta, y salí caminando serenamente hacía el lugar donde había dejado mi bicicleta, pero repentinamente mi tranquilidad fue interrumpida nuevamente por la misma sensación que me había estado inquietando los últimos meses. Era un sentimiento que deambulaba entre la tristeza y la nostalgia, que generaba un efecto incómodo en mí. Como si un vestigio, una huella del pasado, emergiera una y otra vez desde lo profundo de mi ser tratando de manifestarse.

 

Desde que me mudé a Ámsterdam, experimenté momentos de mucha paz y reflexión. Parecía que toda mi vida pasada hubiese quedado en Argentina, y en Holanda todo fuera nuevo y diferente, una nueva vida.

¿Pero por qué me sentía así? por qué ahora que tenía todo lo que antes no tuve, una vida tranquila, sin abusos, sin maltratos, sin apuros económicos, un marido que me amaba y una casa segura… ¿qué me pasaba? ¿qué me estaba faltando? ¿por qué existía ese sentimiento interior que no me dejaba ser feliz?

¿Acaso puede una persona viajar al otro lado del mundo y separarse de su pasado? o quizás lo mejor que se puede hacer a veces, es tomar distancia para poder ver las cosas desde lejos, y enfrentarlas cuando llegue el momento adecuado, cuando uno se encuentra preparado. Posiblemente, tomar distancia se vuelve la única opción y esta nos protege.

 

Esa tarde, ya de vuelta en casa, mientras una tormenta de pensamientos se apoderaban de mi mente, me pregunté ¿cómo funciona? ¿por qué pensaba de esta forma y no de otra? y ¿por qué me sentía así?

Recordé un libro de Freud que me había regalado una compañera de trabajo en Buenos Aires hacía mucho tiempo, y que había guardado todos estos años.

 

Lo busqué, y en efecto era uno de los dos libros que me había traído conmigo desde Argentina. Comencé a ojearlo y me maravilló lo que leí, aquel día decidí qué estudiaría Psicología. Quería saber todo sobre mis pensamientos, tenía que conocerme y sobre todo entender lo que me estaba pasando.

 

Dicen que el conocimiento más importante que uno puede adquirir en la vida es el conocimiento de sí mismo. Y lo que nos avisa, lo que nos guía a emprender este camino, es esa sensación de vacío que comenzamos a experimentar en algún momento de nuestras vidas. Vacío que solo puede llenarse desde adentro y por uno mismo.

 

 

Capitulo Dos

 

SECRETO DE FAMILIA

 

Organicé todo para volver a Buenos Aires a estudiar, había ahorrado bastante dinero dando cursos de español en Ámsterdam, y con eso me alcanzaba para pagar la facultad y alquilar un lugar donde vivir tranquila por unos años. Y fue así como abandoné por un tiempo la ciudad que me había acogido y dado un respiro.

 

Una vez en Argentina, y aprovechando que debía esperar aún dos semanas para comenzar el año de facultad, acepté la invitación de Eva, una amiga con la que había estudiado años atrás, y con la cual pasaría unos lindos días de vacaciones en Huerta Grande, una hermosa ciudad en la provincia de Córdoba.

 

Ya en el viaje, y a medida que el pasar de los kilómetros nos acercaba a nuestro destino pude sentir el aire puro y fresco, y deleitarme con su magnífica vegetación. Córdoba es un lugar único donde todo me pareció maravilloso, la energía levitativa de Capilla del Monte y el Cerro Uritorco me renovaron por completo.

 

Y fue allí donde aprendí que los caminos de la vida a veces no te llevan al lugar que planeabas, pero siempre te llevan al lugar donde tienes que estar, aunque esto solo se puede comprender con el paso del tiempo.

 

Una pareja amiga de Eva, que vivía allí, nos agasajó con una deliciosa cena. Aquella pareja había formado una familia muy linda, y tenían una pequeña niña de ojos muy oscuros y pícaros. La cena dio paso a una amena sobremesa donde la conversación fluía agradablemente.

 

La anfitriona comenzó entonces a hacerme preguntas sobre Holanda y sobre mi familia.

 

-¿ Vienes a vositar a tu madre?

-No – respondí – mi madre falleció cuando yo era muy chica aún.

-Lo siento mucho ¿y que le pasó? – siguió interrogando la mujer.

 

Yo tomé con tanta naturalidad aquella pregunta, quizás por el hecho de vivir tantos años fuera del país y no tener que decir nada sobre mi familia, que respondí como si siempre hubiese dicho lo mismo.

 

-Mi madre fallecio a causa de un aborto clandestino.

 

En ese momento la mesa quedó en silencio, levanté la vista de mi taza de café solo para encontrarme con la incomodidad que todos estaban experimentando.

Eva me miró y luego miró a su amiga, aún recuerdo la expresión de aquellos ojos horrorizados. Estaban espantados, la conversación aquella noche concluyó ahí.

 

A la mañana siguiente, y estando a solas con Eva, le pregunté acerca de lo que pensaba en relación a la noche anterior, ella me respondió que yo no tendría que haber dicho la causa de la muerte de mi madre, que no quedaba bien, que podría haber dicho que había sido otra la razón de su muerte. Decir que mi madre había fallecido de un aborto era muy fuerte e inapropiado.

 

Y fue entonces, en ese momento, que pude recordar cada una de las palabras de mi abuela al morir mi madre “si alguien les pregunta cómo o de qué ha fallecido su mamá, deben responder que ha muerto de una peritonitis”.

No podíamos decir que mi madre había fallecido de un aborto, porque eso no quedaba bien, eso era algo feo.

 

Por muchos años repetí siempre la misma respuesta, y parecía que hasta incluso yo misma me lo había creído. Pero también recuerdo la incomodidad de tener que mentir, callar la verdad por vergüenza. Yo era aún muy chica y ya había aprendido a sentir vergüenza de mi madre.

La causa de su muerte tenía que quedar en secreto, por el qué dirán, por cómo la juzgarían, porque si sabían la verdad, mi madre dejaría de ser una buena mujer, una mujer digna.

 

Muchas veces le había reprochado a mi abuela el tener que mentir, pero a ella le hacía mucho daño la verdad, y yo no quería que sufriera más de todo lo que ya había sufrido.

 

Creo que la verdad solo puede ser verdad recién cuando puede ser aceptada, de lo contrario es algo que vive paralelo a la realidad, una parte oculta y fundamental de un todo, discriminada y rechazada por las valoraciones absurdas que solo consiguen consentir el silencio de tantos errores que aún seguimos cometiendo como sociedad.

 

¡Cúantos recuerdos emergieron en mi mente gracias a esa cena, a esa sola pregunta que removió mi vida y la de mi madre!

 

Todo aquello había quedado dormido dentro mio todos estos años, como si yo lo hubiese escondido en algún lugar secreto sin quererlo. Y la vida ahora me estaba mostrando todo lo que había quedado en la oscuridad y que era hora de sacar a la luz. Tenía muchas cosas que curar.

 

Aquel día decidí que escribiría esta historia, la historia de mi madre, mi historia, impulsada no tanto por lo que quería decir, sino más bien por todo aquello que ya no quería callar.

Y entonces liberarme, y liberarla. Entregándole al mundo la verdad de una vida, de dos vidas, de miles, de millones de vidas.

 

Porque comprendí que sólo a través del reconocimiento y aceptación de la verdad se logra nuestra evolución. Porque la verdad despierta nuestra conciencia, obligándonos a salir de la zona de confort, impulsándonos a crecer. Sólo a través de la verdad se aprende a amar.
La verdad tiene el poder de transformar el mundo.

 

 

Capitulo tres

 

LA EDAD DE ORO

 

 

Recuerdo que vivíamos en la casa de mi abuela materna, mi madre, su hermano menor, mi hermana y yo.

 

Mi abuela era una mujer de cuerpo pequeño y mirada gigante,…